Antonio Molina, jefe del Servicio de Protección de Menores en Cádiz, afirma que la imagen de la casa cuna de la posguerra ha desaparecido para siempre en Andalucía.
Antonio Molina es jefe del Servicio de Protección de Menores de la delegación provincial de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales en Cádiz. Funcionario veterano, ha vivido cómo ha evolucionado y se ha transformado radicalmente, desde los años ochenta hasta ahora, todo el sistema de protección de menores en Andalucía. Molina recuerda los tiempos en que Márgenes y Vínculos aún no existía, y también la fundación y la puesta en marcha de la Asociación Vínculos, germen de lo que hoy es esta entidad. En aquella época la columna vertebral del sistema eran los centros de acogida. Fue Vínculos una de las pioneras en proponer la alternativa que hoy ya es mayoritaria para dar amparo, protección y cuidados a los menores que lo necesitan: las familias acogedoras. “Recuerdo que se hizo un programa piloto financiado por la Caixa que se llamaba Familias Canguros y Vínculos fue la asociación que lo desarrolló en las provincias de Cádiz y Sevilla”, recuerda Antonio. “De aquel programa, que empezó en abril del 96, se hizo un estudio con el que pudimos comprobar no sólo que el bienestar de los niños era mayor que en los centros de acogida sino que también su desarrollo posterior y el de las familias. Los resultados fueron positivos por todos lados”, añade.
Antonio Molina afirma que la Junta de Andalucía extrajo de aquel estudio, realizado por la Universidad de Barcelona, las conclusiones pertinentes y decidió ampliar este tipo de programas. A finales de los 90 y principios del siglo XXI el acogimiento familiar de menores se extendió por toda Andalucía. “Hace cuatro o cinco años vivimos el auge máximo de este tipo de medidas de protección. Gracias a la colaboración de las familias, prácticamente hemos conseguido eliminar el acogimiento de niños pequeños en centro residenciales”, afirma Antonio Molina.
El jefe del departamento de menores en Cádiz explica que la delegación dispone de cuatro equipos de menores compuestos cada uno por un psicólogo, un trabajador social y un licenciado en derecho. Ellos son los que informan sobre la necesidad de retirada de un menor de su familia biológica y antes de llevar a efecto dicha medida se ponen en contacto con el equipo de acogimiento para encontrarle al pequeño una familia alternativa. Este proceso suele tardar de tres a seis meses. Márgenes y Vínculos ha formado antes a las familias. Primero con entrevistas en su domicilio, y luego con sesiones formativas en la sede de la fundación. Los técnicos de Márgenes emiten un informe sobre la familia para que la Junta certifique su idoneidad para el acogimiento. En ese certificado se especifica para qué tipo de niños está capacitada la familia: necesitados de un acogimiento de urgencia para menores de seis meses; para el temporal, con una duración máxima de dos años; o el permanente que se da al finalizar el plazo de dos años, o por necesidades especiales o cuando las circunstancias del menor así lo aconsejen.
Antonio Molina recuerda que la teoría psicológica establece que la familia es el mejor contexto para el desarrollo humano. Dice que los centros están bien dotados y tiene un personal muy profesional que se esmera en el cuidado de los niños y niñas, pero insiste que no es lo más adecuado porque no puede dar al menor las relaciones afectivas que exige el apego, la vinculación a unos seres queridos, con un padre y una madre. “Jesús Palacios, de la Universidad de Sevilla, hizo un estudio, ya clásico en el que se demuestra que los niños criados en familias de acogimiento sacaban mejores resultados que los de centros de acogidas en todos los indicadores que se midieron: desarrollo físico, psicológico, cognitivo. Los niños de los centros de acogidas pueden tener perfectamente cubiertas sus necesidades físicas pero las afectivas, no”, concluye.
Molina explica que actualmente en la provincia de Cádiz hay unos 500 niños acogidos con miembros de su familia extensa, es decir, tíos, abuelos, etc; y unos 70 con familias ajenas. Esa cifra se repite anualmente, con más o menos altibajo. El jefe de menores de la provincia asegura que la crisis económica que vive España desde 2008 no ha disparado el número de niños desamparados cuya tutela ha sido necesario retirar a su familia. “la retirada por motivos económicos prácticamente no existe. Una familia puede ser pobre o de medios escasos pero eso no quita para que dé a sus hijos el afecto y los cuidados necesarios”.
Lo que sí ha provocado la crisis es un freno en la tendencia ascendente que tenía la aparición de nuevas familias acogedoras. No sólo se ha frenado esa tendencia, sino que en algún año ha llegado a disminuir. “Sí ha habido un parón. La gente se ha retraído tanto para el acogimiento ajeno como para la adopción porque la gente se lo piensa más. Hay familias que al disminuir sus ingresos se lo piensa más y muchas han decidido no meterse en lo que es la crianza de otro hijo”.
De todas formas, el acogimiento familiar es una realidad mucho más pujante que hace unas décadas, aunque Molina considera que todavía queda mucho por hacer. Admite que aún hay gente que confunde acogimiento y adopción y alguna que llega al primero pensando que es una vía más fácil parta adoptar un hijo. “Pero en los cursos de formación que se le da todos se aclaran estos asuntos y se les orienta a lo que puede ser su mejor opción. La adopción es una opción válida a la que se accede directamente sin necesidad que no necesita ir primer al acogimiento”, explica.
Molina explica que el auge del acogimiento familiar ha obligado a la reorientación de los centros de acogida Ahora están más especializados en atender a menores a partir de los siete años para los que no hay familia acogedora. “Hemos reducido plazas en algunos centros y alguno lo hemos tenido que cerrar, como es el caso del que tenía Diputación en Puerto Real, al que la gente conocida como el hogar infantil”, cuenta Molina. “Alguna gente criticó el cierre, pero nosotros lo valoramos como un éxito del nuevo sistema de protección. Aquella imagen de posguerra, de los niños en orfanatos, en las casas cunas ya no existe en Andalucía y tenemos que celebrarlo”, añade.
Antonio Molina explica que el objetivo ahora es lograr que aumenten los acogimientos de menores de siete años para llegar al objetivo de cerrar todos los centros de acogida que sea posible. Eso está aún lejos, porque todavía hay una población de menores que los necesita. “Hay menores de origen inmigrante no acompañados que siguen llegando a Andalucía y una población de adolescentes o pequeños con conductas difíciles a los que no es fácil encontrar una familia para la que siempre vamos a necesitar algunas plazas en centros de acogida”, precisa Molina, que añade: “No renunciamos al objetivo y por eso vamos hacia más acogimientos y hacia menos centros pero más especializados”.
Antonio Molina reconoce que ya hay entre las familias acogedoras y las instituciones que participan en el sistema de menores un debate sobre la profesionalización del acogimiento. Molina entiende a los padres que no quieren que la labor que ellos hacen de forma altruista y solidaria se profesionalice, pero también explica que en algunos casos sí es necesaria la profesionalización especializada. “Igual que pagamos a los centros de acogida para que cuiden de los niños, también le damos ayuda a las familias que acogen a los niños. Y si una familia acoge a un menor con necesidades especiales, con limitaciones físicas o psíquicas importantes, que exige mucho tiempo y muchos gastos para su atención, es lógico que a esa familia le demos todo lo que necesita y se lo compensemos. ¿Por qué no?”, afirma.
Antonio Molina califica de excelentes la relación de su departamento con Márgenes y Vínculos. “Es la primera entidad que empezó a colaborar con nosotros y la labor coordinada conjunta da resultados muy positivos”, explica y agrega: “Nos gustaría tener más recursos, tanto como nosotros como para ellos, pero la relación es magnífica, permanente y en muchos casos no es solo profesional sino también personal”, concluye.

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